COMUNICACION FRANQUICIAS

“El hecho de saltar (con red) al mundo del mueble”, por Rafael Carrasco, presidente de Ocaofa

11 de Diciembre, 2006 · Sin Comentarios

Rafael Carrasco, presidente de Ocaofa

A la hora de entrar en el sector del comercio del mueble, todo emprendedor es libre de usar sus ahorros como le venga en gana. Pero, eso sí, no sin antes informarse, que para algo vivimos en la sociedad de la información.

Y si lo hace, si se toma la molestia de echar un somero vistazo a su alrededor verá que la mínima maniobrabilidad del comercio independiente tradicional, incapaz de adaptarse a los vertiginosos cambios del mercado, se contrapone al moderno sistema organizativo y a la planificación de aquel otro comercio moderno, unido bajo los mismos intereses, que es la franquicia.

Hace poco leí una definición del negocio tradicional: “Comercio independiente, no asociado ni vinculado a ningún tipo de central; de pequeño tamaño en cuanto al número de puntos de venta, cifra de empleados y dimensión de los establecimientos; que dispone de una tecnología tradicional por el régimen de venta utilizado, el equipo disponible y la formación de su personal”. En ella encontramos ya puntos básicos que difieren del concepto de negocio en franquicia. Igualmente muestra las dificultades para abrirse paso que padece este tipo de comercio en el devenir actual de los mercados, en el que los grandes distribuidores marcan las pautas en un entorno cada vez más competitivo, y donde la profesionalización de los diferentes departamentos de la empresa se ha convertido en una tendencia indiscutible.

El emprendedor que inicia su aventura empresarial en el mundo del mueble se encuentra con un mercado duro, para el que ni existen ni han existido las píldoras mágicas: nadie puede garantizar el éxito al acometer cualquier operación sujeta a un riesgo. No obstante, cabe la posibilidad de reducir ese peligro, y contar con el sostén y la experiencia de quien ha repetido ya muchas veces esa misma idea de negocio, lo que supone un primer aval de viabilidad.

Ahora bien, la franquicia no deja de ser una fórmula más de comercio asociado, que convive con otras como el sucursalismo, las redes de agentes, los concesionarios, las centrales de compras, etcétera. En esta situación, conviene establecer las diferencias existentes entre todos estos sistemas, para evitar malentendidos posteriores entre todos aquellos inversores que se involucren en ellos. Porque, si bien no es la única puerta de entrada al mundo del comercio, la franquicia sí es la más arropada. Se trata de un sistema de cooperación entre empresarios diferentes, pero ligados por un contrato, en virtud del cual uno de ellos, el franquiciador, otorga a otros, los franquiciados, el derecho a usar, o mejor aún a explotar comercialmente una marca y/o una fórmula de hacer negocios. Esto se materializa en unos signos distintivos, a cambio de una serie de contraprestaciones económicas periódicas, asegurándoles al mismo tiempo el soporte técnico y los servicios regulares necesarios para facilitar dicha explotación.

Y ya puestos, si se me permite darle un último consejo a quien está sopesando lanzarse al ruedo del comercio del mueble, le diría que escogiese una franquicia de producción propia, para no estar así sujeto a los vaivenes y a las fluctuaciones del mercado.

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