Preguntémonos: ¿bajarían los precios si el comercio pudiera abrir los domingos y festivos y con el horario que cada cual quisiese? Con la inflación disparada y la sociedad más sensibilizada que nunca por la fuerte subida del precio de los productos básicos, el debate sobre la libertad de los horarios comerciales está de actualidad de nuevo, porque afecta a toda la sociedad. Limitar la libertad de horarios supone poner trabas a los establecimientos de la periferia, que podrían abaratar los precios como arma para atraer a los clientes que compran en sus tiendas más próximas por norma. Así, en la Comunidad de Madrid (con 20 domingos de apertura legal, al menos hasta ahora) los precios se han comportado mejor que la media española en los últimos años.

El ansia de mayor libertad de horarios por parte de los consumidores en un mundo que ha perdido toda su rigidez también llama a la puerta de unos políticos que -pillados ahora entre dos fuegos: ¡es año de elecciones!- siempre han sido cómplices de las normas anacrónicas que impiden al consumidor comprar el día y a la hora que le dé la gana.
La legislación básica estatal en horarios la aprobó el actual Gobierno en diciembre de 2004. La norma establece que son las Comunidades Autónomas las competentes para fijar el calendario de aperturas comerciales en festivo y que lo pueden hacer con la única limitación de que éstas sean como mínimo de 8 al año. Así, todas las Comunidades han fijado 8 domingos al año de apertura, salvo Canarias, que tiene 9; Murcia, 10 y Madrid, que acaba de anunciar 22 para los próximos cuatro años. La legislación permite la libertad absoluta de horarios y de apertura en festivos para la mayoría de los establecimientos comerciales de España. Así, tienen libertad de horarios los establecimientos de menos de 300 metros cuadrados de superficie no integrados en grandes cadenas.
También son libres de abrir las tiendas de cualquier tipo situados en zonas de gran afluencia turística que fijan las comunidades. Y por último, tienen plena libertad las llamadas tiendas de conveniencia (entre otras, las 150 tiendas de la cadena Opencor, dondequiera que estén situadas).
Los tres segmentos del comercio (pequeño, mediano y gran distribución) libran desde hace tiempo su particular batalla por los horarios en las que están encastillados.
A la Confederación Nacional del Comercio (1.500 organizaciones territoriales y sectoriales con 410.000 pequeños comerciantes) la idea le indigna. Miguel Ángel Fraile, secretario general de la CEC, se opone rotundamente a ampliar horarios porque “rompe el modelo de convivencia que hemos adoptado en Europa, pretende dar paso a las multinacionales y negamos totalmente que los menores horarios eleven la inflación”. “La libertad que pretenden algunos es una estrategia para favorecer el oligopolio que rompe la unidad de mercado con 22 festivos de apertura”, afirma.
A juicio de Fraile, esto no ha redundado en una mayor competencia comercial ya que actualmente la comunidad de Madrid se encuentra a la cola de densidad de locales comerciales con 12,54 por cada 1.000 habitantes cuando la media nacional está en 14,34.
Ignacio García Magarzo, director general de Asedas, la patronal de supermercados que representa a 18.000 puntos de venta con 220.000 trabajadores, libra su batalla por los horarios. “Desde el punto de vista teórico resulta difícil justificar que una mayor apertura de domingos contribuya a controlar los precios. Si los costes suben por abrir los establecimientos el riesgo es que suban los precios”, dice el responsable de Asedas.
Según este directivo, los datos de las comunidades autónomas españolas impiden establecer una relación directa entre mayores aperturas y menores precios. Así, en la Comunidad de Madrid (con 20 domingos hasta ahora) los precios se han comportado mejor que la media española en los últimos años. Sin embargo, aún mejor que los de Madrid han evolucionado los precios de la Comunidad Valenciana, País Vasco o Canarias con aperturas de 8 festivos.
Para Asedas, la opinión de Competencia es válida en el sentido teórico como activador del debate, pero recuerda que en 2003 el Tribunal de Defensa de la Competencia hizo un informe sobre este asunto en el que decía: “Este tribunal defiende la libertad de horarios para modernizar el sector del comercio. Sin embargo, y con independencia del aspecto dinámico para el sector, la libertad de horarios no lleva necesariamente a una reducción del nivel de precios”.
Para la gran distribución representada en ANGED la liberalización de horarios es buena en primer lugar porque el consumidor la demanda. ANGED afirma que en los últimos 10 o 15 años más de tres millones de mujeres se han incorporado al mercado de trabajo y casi un tercio de los hogares son unipersonales o familias monoparentales que necesitan horarios más amplios. Según esta patronal, los mayores horarios intensifican la competencia porque permite a cada empresa adecuar sus horarios a las necesidades de sus clientes y esto lleva a mejorar su productividad y competitividad y poder bajar precios. Javier Millán-Astray, director general de ANGED considera que no había elementos objetivos en 2004 para reducir de los 12 domingos a los ocho actuales.
El formato que más ha crecido en los últimos años es el centro comercial. El portavoz de la Asociación España de Centros Comerciales (AECC) que agrupa 420 empresas entre promotores de edificios y conocidas firmas comerciales reclama que debe haber libertad de horarios para todos y que cada tienda decida si le interesa abrir. “Nuestra modalidad es la más competitiva y por eso ha pasado en 10 años a representar el 14% del total del comercio desde el 8%. Pero no tiene sentido que en un centro comercial puedan abrir los cines, restaurantes y cafeterías y no lo pueda hacer una tienda de ropa”, dice este portavoz.
¿En este debate qué opinan los consumidores? El observatorio de Consumo de Agricultura, que pasa por ser la fuente más estable de evolución de tendencias de opinión de consumidores, introdujo en 2004 una pregunta en la encuesta: respecto a los horarios de los establecimientos donde usted compra productos de alimentación ¿Son adecuados? En 2004, el 84,1% lo vio adecuado, en 2005 era el 83,7% y en 2006 fue el 86,2%.





